¿Conoces la tierra donde florecen los limoneros,
las doradas naranjas relucen entre sombrías hojas,
donde una suave brisa sopla bajo el cielo azul,
y se encuentra el silencioso mirto y el frondoso laurel? ¿La
conoces acaso?
¡Hacia allí, hacia allí
quisiera, amado mío, andar junto a ti!
¿Conoces
la casa? Sobre columnas descansa su techo,
la sala resplandece, el aposento brilla
y los bustos de mármol me miran y preguntan: ¿Qué
te han hecho, pobre criatura? ¿La
conoces acaso? ¡Hacia
allí, hacía allí
quisiera, mi protector, andar junto a ti!
¿Conoces
la montana y su sendero entre las nubes?
La mula busca el camino a través de la niebla;
en cavernas habita la antigua especie de los dragones; ¡al
abismo se arroja la roca y sobre ella el torrente! ¿La
conoces acaso? ¡Hacia
allí, hacia allí
se dirige nuestra senda! ¡Oh,
padre, vayamos!